TALP en la semana de la arquitectura

El pasado 3 de octubre, y con motivo de la semana de la arquitectura colaboramos con el COACV organizando una visita al Parque de Cabecera y el Museo de Historia de Valencia.

Se pretendía realizar un recorrido por las diferentes escalas de la arquitectura de la más general a la que nos proporciona mayor detalle: territorial, municipal, local, edificación e interiorismo.

Comenzamos con el PARQUE DE CABECERA, cuyo encaje territorial posibilita la continuidad de la infraesructura verde conectando aquellos espacios que por su valor ambiental, cultural, y paisajístico forman parte de la misma (Parque Natural del Turia, mar Mediterráneo). Todo ello atravesando la ciudad mediante recorridos que nos acercan a dichos espacios así como a otros equipamientos, dando forma a la infraestructura verde urbana.

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Se trata de un parque metropolitano que prolonga el cinturón verde del antiguo cauce siguiendo el lecho histórico del río Turia y potenciando el carácter vertebrador de este conector fluvial. El proyecto en el que se integran la vegetación, la topografía y el agua como elementos básicos,lo firman los arquitectos Arancha Muñoz, Eduardo de Miguel, y Vicente Corell.

La vegetación se distingue por zonas a medida tienen un mayor contacto con el agua. En las zonas húmedas encontramos árboles caducifolios como fresnos, chopos, arbustos, gramíneas, plantas acuáticas y semiacuáticas.  Cuando observamos zonas más altas pasamos a un paisaje mediterráneo con pinos, y arbustos como el lentisco.

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Se utiliza la topografía de manera muy evidente partiendo como referencia para el trazado los islotes de sedimentación que se formaban en el río cuando se producía una crecida. Uno de esos islotes adquiere la cualidad de ser hito paisajístico y visual, se trata de la colina-mirador que funciona como un engranaje resolviendo el cambio de dirección de 90 grados del antiguo lecho del río hacia el encauzamiento del Jardín del Turia. Los muros realizados con piedra natural con apariencia de piedra seca configuradores de esta topografía, albergan además las instalaciones necesarias para el adecuado funcionamiento del parque, así como las zonas de descanso, de ocio y recreo; y dan cobertura a espacios arquitectónicos cerrados como la cafetería del embarcadero.

Los recorridos que discurren entre dichos elementos se materializan de diferentes formas en función de su carácter, con pavimentos de hormigón lavado para aquello más urbanos, y gravilla de canto rodado o traviesas de madera reciclada para el resto.

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El agua adquiere una gran importancia y se plantea un lago artificial como centro del proyecto. El agua surge en el Molí del Sol, en forma de azud, a partir de ahí discurre encauzada a través de diferentes niveles provocando cascada que evidencia su movimiento hasta llegar al lago, donde el agua favorece el paisaje de ribera. Se requiere un complejo sistema de depuración para el cual se utilizan bombas que se alojan en algunos de los muros de piedra. Sirve para el riego de la vegetación que encontramos en el lugar y además, como prevención a improbables crecidas por lluvias se establece un colector que desagua en el mar.

Siguiendo nuestro paseo a través de esta infraestructura verde urbana, llegamos al MUSEO DE HISTORIA DE VALENCIA el cual se ubica en lo que fue el primer depósito de agua potable de la ciudad (mediados del siglo XIX). Pese a que se emplazó en un lugar con una cota más elevada que la ciudad para lograr la presión necesaria, la proliferación de edificios en altura hizo que se limitara su utilidad en el tiempo puesto que esta presión dejó de ser suficiente. Es un edificio rectangular encajonado en el terreno capaz de almacenar 9’5 millones de litros de agua. Esta sala hipóstila está formada por 250 pilares ordenados según una trama rectangular extraordinariamente geométrica, los cuales sostienen la cubrición de la balsa mediante bóvedas de cañón cilíndrico rebajado dando origen a 11 calles abovdadas. Toda esta estructura se elabora con ladrillo, estando los pilares enlucidos además con mortero de cemento. La parte superior de la bóveda se encontraba cubierta de tierra. En este punto, contamos con la presencia de Javier Martí (Director del Museo de Historia de Valencia) que aporta su gran conocimiento del elemento.

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Este edificio, prácticamente soterrado es objeto de una rehabilitación en 1999 por Juan José Garrido, con el objeto de dotar de un espacio exterior público de encuentro y confluencia de las calles y plazas que configuran este entorno urbano y adecuar la sala hipóstila para su uso, sin definir un destino concreto. Para ello se deja esta sala diáfana, colocando los servicios en sus laterales. Los problemas de humedad obligan a la realización de una pared con cámara ventilada en su perímetro que evita el paso de dicha humedad al interior de la sala, y se protegen los accesos con marquesinas.

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Más adelante se realiza el proyecto museográfico por el equipo General de Producciones y Diseño, en el que además de implantar en su interior todas las necesidades que éste museo requiere, se plantea dotar de una fachada singular que dote de identidad a un edificio cuyo entorno por las características del vial donde se produce el acceso y la edificación en altura compite con él restándole la importancia que merece.

Las instalaciones discurren a través de un suelo técnico con una estructura de acero con patas niveladas y tableros machiembrados de madera, por encima del realizado en la rehabilitación. Todos los elementos de exposición están formados por perfiles metálicos, panel sandwich, y cristal; con una pasarela técnica en su parte superior. La iluminación se trata con especial interés ya que el edificio carece de iluminación natural.

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